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El sabor de la memoria

Recuerdo como se nos iluminaban los ojos frente a una paleta de colores que debíamos compartir entre todas las hermanas en esos ratos de ocio destinados a dibujar cuando éramos niñas, no nos conformábamos con el lápiz o carboncillo que sólo nos permitía rellenar de gris las escenas de la vida… eso no quedaría en la memoria.

El recuerdo se nutre de escenas reales, vivas, llenas de luz, pinceladas de emociones como los sabores que nos transportan a otro momento vivido, a un rostro, un lugar, una risa, es el sabor de la memoria, siempre vuelve y vuelve dibujando una sonrisa o dejando caer una gota de emoción de nuestros ojos.

Así aprendimos a iluminar cada rincón de nuestra vida llevándolo con la misma intensidad a la cocina. Entonces nuestro país de acogida, por el trabajo de Papá, era la ciudad de Trípoli, Libia al norte de África. Allí aquella paleta de colores rebosaba de magia, de aromas exóticos, de colores atractivos… recuerdo cada rincón de esa casa, de esa cocina y ese impresionante jardín con un pozo del que sacábamos agua fresca por diversión.

”con sutileza” decía mi madre…

“la intensidad se debe medir con la mayor ligereza y sutileza posible para no romper su encanto y embrujo”

Mamá nos descubrió tantas cualidades ligadas a la cocina, al buen hacer, a la hospitalidad, a agradar y complacer a quienes se acercaban a nuestra casa…cada detalle era protagonista fundamental de la escena, nada debía pasar desapercibido, un granito de arena en sí parece inconsistente, sin embargo, en compañía de otros, forma un desierto eterno en el que se dibujan nuestras sombras, se alargan, se encogen, se deforman…. toda una vida.

Aprendimos a desarrollar nuestros sentidos en la cocina, el olfato nos descubría si el plato estaba bien condimentado, el oído nos indicaba el punto de ese bocado, la vista no dejaba de bailar ante tremenda composición o combinación.

Tantos momentos compartidos alrededor de una mesa, cada día era una gran fiesta para el paladar descubriendo desde una temprana edad un mosaico infinito de nuevos sabores que nos adentraban en la cultura de ese marco que nos acogió los primeros años de nuestra vida.

Escenas, experiencias y vivencias que te dibujan el camino, te modelan la mente, el espíritu, esas ganas y ansias siempre de descubrir, viajar, compartir, crear, innovar. De mis padres aprendí todo, me curtieron con una educación exquisita, con un saber estar en busca siempre de la excelencia, los valores más firmes y consistentes para despegar y volar, el amor, el cariño, el aprecio, la expresividad, la entrega, la intensidad en cada paso que requiere la vida, la confianza, la hospitalidad.

Que ¿por qué me viene esto ahora a la memoria? Muy sencillo, TheBox despertó el incansable viajero que llevo en el paladar desde niña, el sabor de mi infancia, todos los colores y perfumes de las distintas culturas gastronómicas que han ido formando mi vida y mi persona.

Inmensas ganas de gritarlo al mundo y contar que cada experiencia vivida es por algo y en este caso todas las mías, las nuestras se han ido acumulando en el sabor de la memoria para salir de golpe e inundar TheBox para todos vosotros.

Los ingredientes ya los teníamos, TheBox nos regaló un espacio inigualable, único y hambriento, el equipo se fue alimentando día tras día… et voilà nuestros viajes gastronómicos ya han llenado de sabor a los paladares más exigentes.

Poco a poco iremos avanzando de la mano, para descubrir las suculentas temáticas que inundan nuestra cocina, las especias, condimentos, ingredientes peculiares, los viajes a rincones recónditos en el mundo, los sabores, los perfumes…y sabes ¿qué es lo mejor? que tú también puedes descubrirlo y disfrutarlo con nosotros.

Dice un proverbio árabe *la mujer pasa su vida buscando el embriagador perfume de su padre, el hombre persigue el inconfundible sabor de la cocina de su madre*

Seguimos viaje….no te quedes en tierra

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